Las calles me llevan
a más calles.
Las sombras de los faroles
crean fantasmas
que me gritan.
Los charcos
se secan con mis lágrimas,
y el frío
me mantiene vivo.
Todos corren por la lluvia.
Yo, en cambio,
no puedo escapar.
Ahora
solo escucho mis pasos.
Ya no hay voces.
Ya no hay dolor.
La neblina
se hace espesa.
El eco de las sirenas
golpea los edificios.
Y un gato me mira
como si supiera
que no pertenezco
a este mundo.
Al fin,
a cinco escalones del final,
tomo las llaves
y me olvido
de quién fui .
Ecos de este Latido