Hoy vi el amor.
Una figura encorvada olvidando su corona plateada.
La curva de su lomo recobraba sus veinte para reír junto a media década de travesuras.
Lo vi contemplar sus bailes, aventurarse con ella en cada curiosidad, y escuché cómo sus décadas se reducían a palabras simples para explicar lo complicado del mundo.
Oí canciones de cuna y jardín convertirse en himnos.
Él convirtió el piso ocho en una soberanía para los dos, una trinchera impenetrable para la ternura, un título que ni la sangre le dio.
Fue el mejor chef entre sándwiches y pasteles.
Conoció el maquillaje y los diferentes monstruos que acechan la hora de dormir.
Concilió batallas y negoció acuerdos con los generales.
Rompió reglas ajenas y asumió la culpa.
Lloró y rió con la misma pasión.
Pero el triunfo siempre fue ella.
Porque el amor supera el parentesco, y tú, eres un verdadero abuelo.
Ecos de este Latido