Cabalgante azota la noche
al roedor que descanso espera,
mientras se hunde en el suelo,
tragando barro,
cagando oro.
De la cueva sale con el sol
a mover el mundo con sus patas.
Arrastrando lleva el yugo
y sirve
comiendo migajas.
¡Oh, piedra preciosa,
que naces de almas!
Sangre pule
los diamantes del poder.
Y los mil pasos
desde la cabaña
los recorren
quienes nos dan de comer.
Del polvo
traen vida
para llenar el garguero,
mismo
que les será cortado
para adornar,
como un bien más,
el testamento del Don.
Ecos de este Latido