Camino descalzo
sobre la árida arena caliente.
Mis labios tienen más grietas
que mi corazón,
y mi corazón
menos vida
que este desierto.
No hay más vida
que los buitres
en su danza ceremonial
sobre mi cadáver andante.
Veo un manantial
y dudo que exista.
Quizá sea otro espejismo.
Quizá yo mismo
ya lo sea.
Puede que así
se llegue al paraíso.
O sea el pasaje al infierno:
caminar eternamente
hacia la tranquilidad
sin llegar nunca.
Si llego,
es un oasis color miel.
Su césped es rizado
y parpadea dos veces seguidas.
florecen sonrisas en su orilla,
Y dulces frutos en sus colinas.
Y allí me veo,
en esas dos lunas,
en medio del césped,
rodeando sus lagunas castañas,
con las ansias
de ahogarme para siempre
en ellas.
Ecos de este Latido