Dos círculos infinitos dicen unirnos.
Enredamos letras y juntamos nuestras firmas.
Caminamos de la mano creyendo ser uno y para siempre.
Qué lejos está esto de lo que quería.
Dejemos que el sol caiga.
Y, bajo el anaranjado techo infinito,
mirémonos a los ojos.
La Luna será cómplice
y confesaremos nuestros delitos.
Las estrellas nos juzgarán inocentes.
Y el sereno nos ocultará de los veladores.
La brisa llevará nuestro aroma.
Los gatos serán testigos de nuestros votos.
Y el amanecer confirmará a diario
lo que un altar no garantiza.
Ecos de este Latido