Hoy cae la estatua de bronce,
la que salió del barro seco,
se erigió orgullosa
y rechazó ser de oro.
Aun así, dio sombra a los errantes
y, como faro, hizo volver al nativo
que era forastero de su nación.
Tambores y liras fueron su himno.
Manos callosas le sostuvieron.
Letras y dignidad les devolvió.
Paró las brisas del verano
y trajo verdes primaveras
a las chozas de bareque.
Cuidó el sueño de quienes dormían para otros,
cavó manantiales para las semillas del pueblo
y les enseñó que la mejor libertad
está en el pensamiento.
Ecos de este Latido