Grande grito proclama el pueblo.
Se alza encima del enano gigante,
que con oro, plomo y poder
desangra con negras manchas
el corazón de la vida.
¡Oh! ¿Qué será de mis crías,
del humo que niebla mis ojos,
del proyectil que calla mi boca
y del néctar oscuro
que he de beber?
La arena cubre
lo verde que respira,
y ya no brota
lo dulce del campo.
Un niño
no conoce un árbol,
ni mi alma
la tristeza olvida.
¡Ay, qué ironía!
Ahora,
las ramas
solo dan monedas.
Ecos de este Latido