¿Habrá un después?
¿Podré mirar algún día tu joven rostro para siempre?
¿Acaso el temor se lo tragará el abismo?
¿Y la última muerte será el fin del fin de la vida?
Hoy no puedo devolver las manecillas,
ni evitar el relieve en mi piel.
Aunque disfruto contar los días a tu lado,
llegará el glaciar a nuestro cabello
y las tinieblas a nuestros ojos.
Nuestras memorias se derrumbarán,
y la semilla de nuestro bosque
llenará otro desierto.
Hoy no puedo devolver las manecillas,
pero puedo poner un recuerdo bonito
a cada tic tac.
Y cuando llegue el sueño eterno,
me llevaré tu nombre,
tu calor
y la certeza de encontrarte de nuevo…
Ecos de este Latido