Bajé el volumen de mis audífonos
hasta dejarlos en silencio.
Cual espía, me fui acercando
sigiloso a su habitación.
Mis ojos reflejaban el rosa
de la decoración.
La vi saltar, girar y cantar
para un público invisible.
Era perfecto.
Nunca regresé a mis audífonos.
Ecos de este Latido