Hoy llegamos
y la paz nos encontró.
No fue al revés.
Mejor así.
Porque libera la carga,
encuentras oxígeno
y alimentas el alma
con la sonrisa que provoca.
La paz te encuentra a ti,
no al revés.
Pero tú le huyes.
Abre el corazón
y habitará en ti.
Hará de tu rancho un castillo,
y de tu patio,
un jardín.
Tus lágrimas
serán manantiales de sabiduría.
Tu enojo,
la base de la tranquilidad.
Y tu alegría,
el cáliz de oro
en medio de tu santuario.
La paz te encontrará.
No al revés.
Así te escondas,
será tu amiga
y tu compañera
hasta que duermas
y seas parte de ella.
Ecos de este Latido