Un paso por día, una esperanza
que, suave e inquieta, avanza;
el instante de un pajarito en mano,
destrozado por fieras lanzas.
Qué triste agonía diaria:
revivir mi agonizante bolsa,
que, aún sin mujer ni moza,
puede aguantar la carga.
Y así, de quince en quince,
del banquete cae la migaja,
que ya ni son alhajas,
sino la vida a cambio de un peso,
que vendes sin mayor progreso
a los amos con sobrepeso.
Ecos de este Latido