Si te quedas solo esta vez,
y entonces llegan los desayunos solo,
las mañanas silenciosas,
y toca la soledad.
La paciencia llega con la edad
y, de a poco, eres tu mejor compañia.
Contemplas el vapor del café caliente
mientras charlas con tu «yo» más joven,
ganas discusiones pasadas
y ríes disimuladamente
por el tiempo que pasó.
Qué jóvenes somos,
cuánta energía
y cuántas posibilidades,
atrapados en el afán de vivir.
Llegamos tarde a amar de verdad.
¿De qué nos serviría la eternidad?
Sería como dar vueltas en el desierto.
Cosa bella la juventud que se escapó,
que se me esfumó un día
entre conducir, pagar y firmar.
Que ya no está,
pero que dejó huella
en quien, a cambio de mis años,
logró aprovechar cada día,
ser feliz
y conquistarlo todo…
Ecos de este Latido