Tic tac, tic tac.
avanza el reloj, despiadado,
para llegar a tiempo
a una cita que no es mía.
Recuerdo el olor de tus besos,
a chicle carmesí,
que siempre llegaba dos mesas
antes que tú.
Ahora veo a quien sostiene
tus manos siempre frías,
y me quedo en el rincón
donde nadie mira.
Contemplo el asiento vacío
como si aún fueras a sentarte…
Ecos de este Latido