De a poco saboreo tu boca mientras me embriago con tu aliento.
Mi nariz dibuja la textura de tu piel
y mis ojos están ciegos por la atmósfera que aparta la realidad.
trepo tu botonadura, se escapa el perfume de tus pechos
y la camisa se desliza por tus brazos como cascada en primavera.
Tus manos escalan mi espalda,
mientras tu cadera traza infinitos en el aire.
No hay palabras, pero escuchamos el sudor caer.
No hay música. Los latidos nos dan el ritmo.
No hay afán. El reloj es un desconocido hoy.
Un botón nos separa.
El viaje es sencillo,
pero el destino no tiene vuelta atrás.
Entonces salto al abismo…
Ecos de este Latido