Estoy en mi fiesta.
Pero yo soy el payaso.
Me recuerdan haciendo malabares,
sacando conejos del sombrero y provocando sorpresas.
Pero ninguno recuerda el mal público que ha sido.
Todos hablan.
Pero ya su hipocresía no me puede herir.
Sigue la fiesta.
Ya nadie ríe por mí.
De a uno me miran fijamente.
Fingen dolor al conocer mi retiro
y alivio al prematuro cierre de telón.
Ya no hay más globos.
La fiesta acabó.
Yo, mientras tanto,
me llevo mi nariz roja, mis zapatos grandes
y el recuerdo de mi compañera de show.
Ecos de este Latido