Sabía tu nombre
sin conocer tu rostro.
Te dedicaba canciones
que no escuchabas,
pero bailabas con mi voz.
Te hiciste fuerte
sin probar bocado.
Y alistaste viaje
sin maletas.
Dejaste tu hogar
para no volver.
¿Cómo olvidar
lo que nunca se ve?
Dejas atrás
lo que no era tuyo.
Pero tienes más que yo ahora.
Porque lo mío te pertenece.
Y yo también.
Aunque algún día
seguiré siendo tuyo,
y tú
serás de alguien más.
Ecos de este Latido